sábado, 16 de julio de 2011
Audio entre el tabacalero
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Ascensos a dedo en la Policía de Misiones beneficia a custodios de la Vicegobernadora

jueves, 3 de septiembre de 2009
Democracia!!!
Muchos pueden decir que hay pobreza, que hay autoritarismo, corrupción, que Néstor está loco de remate y Cristina es soberbia (o era el año pasado, parece q ya bajó los humos) pero en mi corta edad no recuerdo un momento de mayor democracia en este país.
Como periodistas creo que una de nuestras principales funciones está en defender la democracia, y esto quiere decir la división de poderes, el debate, y la posibilidad que de el gobierno a veces gane y también a veces pierda.
Tal vez sin pensarlo (y muchos menos quererlo) me parece que los Kirchner con la resolución 125 y su posterior derrota en el Congreso con el voto "no positivo" (lo cual inició el contínuo derrumbe de la imagen presidencial) instauraron el periodo de mayor intensidad democrática desde la vuelta de la democracia.
Quiero hacer un apartado de los temas puntuales como Ley de Medios, retenciones, despenalización de tenencia de drogas para consumo personal u otros; pero quiero que consideremos todos estos temas en conjunto: Nunca hubo en el país -me parece- un nivel tan alto de debate y atención de la sociedad sobre las decisiones de los poderes de turno.
Quiero decir que la justicia tiene independencia como para decidir lo que le parece (le guste a quien le guste) como la despenalización de la tenencia para consumo personal, el Congreso tiene la independencia para decir NO a la 125 y el Poder Ejecutivo (la presidenta) tiene que bancarse.
Hay un nivel de independencia de poderes insólito para un país donde hubo cinco golpes de Estado. Un nivel de debate, de pluralidad y de atención de la sociedad sobre las decisiones del poder, que creo que pocas veces hubo en este país. Creo que la situación es histórica, más allá de cómo llegamos a esta situación, creo que estamos viviendo la democracia con tal intensidad que ni siquiera nos damos cuenta, porque estamos tan compenetrados y somos parte de toda una espiral de sensaciones que se desprenden del conjunto de la gente que participa como nunca en la vida de la Nación, y en el rumbo que tomará.
Creo que a nosotros como periodistas, que al igual que otros laburantes que si un mes no tienen trabajo no comen, el rumbo político que tome el país, la derecha,el centro o la izquierda, nos afectará de alguna manera, pero más nos afectará que se apague la llama de la democracia viva, de un pueblo que debate porque quiere ser parte del rumbo que se defina para el futuro de nuestros hijo. Más allá del próximo gobierno, (en el cual seguramente seguirá existiendo pobreza, corrupción e injusticias) deberíamos tratar de evitar el discurso único que tenían el 95% de los medios durante el menemismo, la indiferencia social que tenía el grueso de la gente que veía por la televisión a cavallo rifar todo el patrimonio del Estado sin ninguna reacción. Esa indiferencia nos llevó a 2001-2002 porque delegamos las decisiones del poder en el poder.
Si actualmente hay polémica y todo el mundo opina de las decisiones del poder, es porque es un momento trascendental en la vida del país,porque se deciden cosas importantes y porque todo el mundo tiene la suficiente libertad de poder gritar en cualquier lugar lo que piensa y adherirse a la derecha o la izquierda. Supuestamente estamos en un momento de crisis, entonces digo yo, ojalá siempre viviéramos en crisis y no en la modorra de otros tiempos.
lunes, 31 de agosto de 2009
cansados...
lunes, 13 de julio de 2009
La conciencia del NO TE METAS quiere volver
“La presidenta no tiene absolutamente nada que hacer en Honduras”, fue la frase que más me llamó la atención sobre la editorial escrita en los días de julio de 2009 por un amañado editor periodístico que peina canas y bien merecidas.
Pocos días antes, para ser más precisos el 28 de junio, las Fuerzas Armadas de Honduras depusieron al presidente Manuel Zalaya y tomaron el Gobierno. Un día antes Zelaya había destituido al Jefe del Ejército. El mismo día del golpe de Estado estaba previsto realizarse un referéndum constitucional por el cual el mandatario pretendía establecer la posibilidad de ser reelecto en forma indefinida, al mejor estilo del venezolano Hugo Chávez y del misionero Carlos Rovira.
Rápidamente se produjo un levantamiento de la población civil, que abarrotada salió a las calles a reclamar la vuelta a la democracia, el respeto institucional y la embestidura presidencial. En definitiva, reclamaron que gobierne quien fue elegido por ellos.
Ese mismo día en Argentina y por ende en Misiones hubo elecciones legislativas, en las cuales los Kirchner recibieron la primera –y tal vez la última- derrota electoral de su carrera política; y en el plano provincial Rovira consolidó sus pergaminos del hombre más poderoso de la provincia.
El trabajo de la cobertura de las elecciones ese día en Misiones, de la cual estuve a cargo para el diario Primera Edición, fue intercalándose con las imágenes de TV donde los militares ocupaban la Casa Presidencial de Honduras, el aeropuerto, levantaban los informativos y los programas de radio locales y hacían todas las cosas imaginables que pueden hacer los militares cuando toman un Gobierno; y con las escenas de votación de Carlos Reuteman, el colorado multimillonario Francisco de Narváez, Mauricio Macri y otros aspirantes de la política nacional.
Hoy, lunes 13 de julio, y con la sensación de ir perdiendo paulatinamente los rasgos del stress por el período electoral (sobre todo cuando los dueños del diario tienen a un integrante de su familia como candidato a diputado) el recuerdo más fuerte de esa jornada es la gente agolpada en las afueras de la Casa Presidencial de Honduras golpeando con sus manos, con palos, con sartenes y con lo que tenían a mano a los miembros del ejercito que entraban por el portón del frente de la residencia oficial. Me causó escalofríos…
Cuando leí la editorial no pude evitar, en forma instantánea, recordar la imagen de la gente frente al portón, golpeando a los soldados que entraban a la residencia oficial hondureña.
En la columna, el añoso periodista, que por esos días no podía ocultar su alegría por la derrota de los Kirchner y el reverdecimiento floreciente de la derecha en el país, hacía referencia a la presencia de la presidenta Cristina Fernández en Honduras, en reclamo por el golpe y en respaldo a Zelaya.
Los golpes de Estado son casi sinónimo de empobrecimiento, de exclusión social, de vaciamiento ideológico, político, industrial, vinieron de la mano de los endeudamientos nacionales y de las privatizaciones de los recursos estatales, en fin, para Latinoamérica los golpes de Estado representan el peor pasado de esclavitud y pobreza. Era totalmente incuestionable la presencia de nuestra presidenta en ese nefasto episodio.
Ahora, la imagen de Honduras me sirvió para dimensionar el terrible efecto que había dejado la última dictadura militar (1976-1983), y las anteriores, en la conciencia de los argentinos. Me imaginaba, y en mi imaginación hice la comparación, que si hubiera un golpe de Estado en la Argentina, a diferencia de Honduras, la gente hubiera corrido a encerrarse en sus casas, creo que es la actitud que tomaría la mayoría, no harían preguntas, no harían reclamos y se borraría la sonrisa insolente de nuestra joven democracia.
Esta actitud, consiente o no, de encierro, indiferencia y abandono, es la misma que padeció el país en el proceso de plomo. Es la misma que tienen los que critican la presencia de la presidente en Honduras, son los que cerrarían la puerta para no ver las detenciones ilegales en las veredas de sus casas y los que dirían: “seguramente andaba en algo raro por eso lo llevan”.
Una reelección indefinida se define en las urnas y en definitiva es la mayoría la que decide si acepta o no la propuesta del mandatario, como pasó en Venezuela donde se aceptó la de Chávez, o como pasó en Misiones donde Rovira perdió.
En un golpe de Estado hombres armados toman el Gobierno por la fuerza, sin respaldo de ningún tipo, y toman decisiones desde el desconocimiento, con consecuencias que padecen los pueblos durante siglos. Es comparable a la imagen de un cavernícola tomando de los pelos a la mujer con la que quiere copular y llevándola a la cueva; o a que mañana vengan cuatro gordos pesados y se lleven tu heladera, televisor y el coche, porque les gustan tus cosas y no tenés la fuerza para impedirlo… ¿?
No se puede dar la espalda a una Nación, a un pueblo, a una familia que vive en un país que sufre un golpe de Estado. Celebro el reclamo de Cristina en Honduras. Sobre todo con los antecedentes en países latinoamericanos, que tenemos de sobra, donde los gobiernos militares, envalentonados por el vaho de wisky, destruyeron proyectos de vida, destruyeron futuro y destruyeron sonrisas.
--- Para Sergio Fernández, un amigo que desde hace tiempo me reclama opinión y análisis de política.
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lunes, 8 de junio de 2009
Cómo los medios ocultan el mundo

La frase es de Ignacio Ramonet, quien prologa "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo", que acaba de ser publicado en España.
Ramonet es ese francés un poco respingado de Le Monde Diplomatique, a quien a su vez el propio Pascual Serrano admira porque le atribuye la noción de “pensamiento único”. Fue una frase que Ramonet usó en un Foro Social, y que prendió en todo el mundo para nombrar algo que todavía, antes de ser detectado y pasado a discurso, circulaba camuflado en el agua del neoliberalismo de los ’90.
Pascual Serrano, me gustaría presentarlo, es uno de los directores del periódico digital Rebelión, en el que diariamente se pueden leer algunos de los mejores artículos de política exterior y derechos humanos de todo el mundo. Y Pascual tiene una especialidad, una especificidad como intelectual de izquierda, y es detectar la trampa del poder en el lenguaje periodístico. Tiene un ojo entrenado como he visto pocos y una solidez admirable para transmitir sus hallazgos semánticos en textos breves que desvisten títulos, ediciones, formas de expresión, fotos, secuencias de información.
De eso se trata su nuevo libro, pero lo que es verdaderamente nuevo y necesario es el enfoque del trabajo de Serrano. Porque vivimos un tiempo en el que los circuitos de la información se han llenado de dinero. La información ya no es sólo poder, sino capacidad económica para escindir el poder de la política. La libertad de la economía para subordinar a la política a sus intereses específicos es la libertad central que se defiende en el coloquio al que fueron a hablar los Vargas Llosa.
Pero precisamente a propósito de sus presuntas detenciones o retenciones en el aeropuerto, que no fueron más que trámites migratorios largos, y del operativo mediático increíble que se montó en la Argentina, donde el aire preelectoral es el cultivo en el que crecen los hongos informativos, es oportuno hacer pie en el trabajo de Serrano.
En el mundo del capitalismo globalizado, la información que circula por los grandes medios construye diariamente un mundo paralelo a su antojo, hundiendo a los espectadores, oyentes y lectores en los velos de ese mundo paralelo, en el que fue detenido Mario Vargas Llosa al llegar a Venezuela. Eso jamás ocurrió, pero es lo de menos. Se monta la estantería mediática de los hechos y se pone a hablar a todo el mundo como si lo que no ocurrió hubiera ocurrido, y después sólo se debe repetir las declaraciones: una ficción está siendo consumida como información.
La semana pasada, Serrano publicó un artículo en el que afirma que “sólo se puede llegar a la conclusión de que en Venezuela hay un empresario de apellido Chávez que compra bancos. Para los medios no es que el Estado venezolano haya comprado el Banco de Santander, ha sido Chávez quien ha sacado los millones de su bolsillo y se lo ha quedado. Es curiosa la sintonía de todos los medios: Agencia AFP: Grupo Santander vende a Chávez el Banco de Venezuela por 1050 millones de dólares, El Mundo: Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, EFE en Heraldo de Soria: El Santander acuerda la venta del Banco de Venezuela a Chávez, RTVE: El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, El País: El Santander vende su filial venezolana a Chávez por 750 millones. Y, por si no fuera poco, El Mundo llega a titular Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.”
Los medios sustraen al Estado venezolano del escenario significante. Atribuyéndole a Chávez un personalismo propio de la presunta dictadura que describen, son los propios medios los que se niegan a entrar en la lógica de un Estado democrático y soberano. “En El País del día siguiente, ya ni siquiera Chávez compra el banco, se lo entregan: ‘El Santander entrega el Banco de Venezuela a Chávez por 755 millones’.”
Quizá sea necesaria esta manipulación informativa del proceso venezolano, ya que lo que está haciendo el gobierno de Chávez es lo mismo que hacen otros gobiernos. Por eso debe ser narrado de otra manera. “Los estados están comprando acciones de los bancos, es decir, nacionalizando. Medio año antes, Bush anunció la compra de acciones en nueve de los mayores bancos del país por un total de 250.000 millones de dólares. Claro que, entonces, el dueño ya no era el presidente, por eso titulaban EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup (El País 22-2-2009) o EE.UU. baraja nacionalizar parte de la banca (Público 9-20-2008). No publicaban que Obama negocia la compra o Bush baraja comprar.
El objetivo preciso, discursivo, es evitar “la asociación entre Hugo Chávez como legítimo representante de los venezolanos y convertir las decisiones de su gobierno en iniciativas personales y, si es posible, que las audiencias crean que el banco se lo queda Chávez para él”. Un ejemplo, apenas, del mundo paralelo que crean los medios, para no responder por el mundo que ocultan.
Sandra Russo
(Publicado en Página/12)
lunes, 11 de mayo de 2009
Disculpen la molestia

Eduardo Galeano
Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal-Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de crimen organizado?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia, ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.
